Tienes a veces la sensación de que el universo conspira para ayudarte en tu camino?
En los últimos años, dejando atrás el marketing «tradicional» para acercarme a algo más afirmador de la vida, más alineado con mi intuición, he sentido esa magia del universo conspirando: encontrar a las personas adecuadas en el momento adecuado, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, o algo tan simple como que se me ocurra una idea que aterriza justo donde ya estaban pensando las personas con las que trabajo.
Llámalo tiempos divinos o sesgo de confirmación, algo está pasando. Te lo cuento.
Sin trabajo, echando raíces
El año pasado me quedé sin trabajo a partir de febrero. Decidí dejar de ser nómada digital y empezar a echar raíces. Me mudé al campo, en medio de ninguna parte. Paré y seguí mi instinto. Sabía lo que ya no quería.
Ese verano hice un curso de construcción con cob. Con mi pareja fui dando forma al sueño de construir una casa con nuestras propias manos. En esos días vi una publicación de uno de mis referentes en el mundo de la regeneración, Tijn Toelker (abre en una pestaña nueva) , que ofrecía tres prácticas en el Bioregional Weaving Labs Collective. Ese mismo año, en enero, había participado en el encuentro Hope (abre en una pestaña nueva) , organizado por ellos. Y el encuentro hizo exactamente lo que prometía: ver en acción la forma biorregional de organizarse me devolvió la esperanza. Plantó una semilla.
Durante ese tiempo sin trabajo leí y aprendí mucho. Leí «Designing Regenerative Cultures», de Daniel Christian Wahl, y se me hizo evidente que, para reducir la complejidad del cambio sistémico, hay que centrarse en las biorregiones.
No podemos salvar el mundo; solo podemos salvar lugares. La regeneración de la salud planetaria solo puede ocurrir ecosistema a ecosistema o biorregión a biorregión.
Daniel Christian Wahl (abre en una pestaña nueva)
Aquello encajaba con lo que había aprendido trabajando con Climate Farmers: una sola organización no va a cambiar el mundo. Hacen falta carteras de proyectos e innovaciones arraigadas en un lugar, que aumenten la resiliencia y el impacto a escala regional y que, sumadas, produzcan un cambio sistémico entre regiones.
Así que ahí estaba yo, montando una candidatura a duras penas entre pisada y pisada de barro, levantando una casa con quince personas venidas de todo el mundo. En los círculos de palabra semanales, a lo largo de esas cinco semanas, mucha gente decía lo especial que era ser una comunidad tan diversa reunida con propósito y coherencia, mientras el mundo de fuera parecía cada vez más polarizado y hostil.
Un mundo viejo que muere y uno nuevo que pugna por nacer
Veo cómo los sistemas y las instituciones se deshilachan a mi alrededor, y rápido.
Políticos y grandes empresas se aferran al poder y no son capaces de manejar la volatilidad sistémica que estamos viviendo.
Un mundo viejo que muere.
Siento desesperanza, rabia, incertidumbre y tristeza.
Pero entonces veo un movimiento de esperanza activa (abre en una pestaña nueva) .
Gente que impulsa cambios por todo el mundo, plantando cara a los retos de nuestro tiempo.
Siento esperanza, conexión, coherencia y arraigo.
Y también aislamiento entre proyectos, y falta de organización.
Un mundo nuevo que pugna por nacer.
Aquí es donde entra lo biorregional.
Qué es lo biorregional y qué significa tejer
Como estrategia de resiliencia comunitaria.
Como el acto de habitar un lugar, formar parte de sus sistemas naturales y trabajar con ellos.
Como respuesta concreta a la meta-crisis, que abarca economía, ecología y estructuras sociales.
Al fin y al cabo es un patrón evolutivo de supervivencia de nuestra especie: el intercambio entre el lugar y la gente, basado en relaciones.
La parte de «tejer» en el tejido biorregional es la práctica de conectar personas y proyectos de forma sinérgica y con propósito. Conecta a las personas entre sí y con una visión de futuro compartida para la biorregión. Favorece colaboraciones con impacto sistémico, hace posible el aprendizaje colectivo y la iteración y, sobre todo, encarna el cambio que queremos ver hacia ese mundo más hermoso que nuestro corazón sabe posible.
La magia de este enfoque: no hace falta esperar a que las condiciones sean perfectas.
Está disponible ahora mismo. Es simplemente otra manera de estar y de mirar el lugar que habitas: convertirte en su custodio.
Hay toda una red de biorregiones en Europa y en el mundo prototipando nuevas formas de gobernanza, nuevos flujos financieros y procesos participativos de abajo arriba. Aprendizaje compartido, recursos compartidos, visión compartida.
Cómo unir lo digital y lo local
Empecé a trabajar a tiempo parcial con el Bioregional Weaving Labs Collective en septiembre de 2025. Ahora, ocho meses después de lanzarme de cabeza al mundo biorregional, conociendo a gente maravillosa, aprendiendo y acompañando, puedo mirar atrás y ver un camino que ha valido la pena. Y queda mucho por aprender, por hacer y por ser.
Hay algo que compartimos quienes trabajamos en lo biorregional: queremos pasar más tiempo sin pantallas, en los lugares donde vivimos, sintiendo el cuerpo y conectando con el mundo más-que-humano. Eso choca con la forma de trabajo en línea que necesito para conectar entre biorregiones.
Cómo salvar esa distancia?
Dedicando mi tiempo libre a hacer conexiones locales y a construir relaciones.
Desde el primer día aquí quise conocer la comarca y a su gente. El proyecto de aldea al que me sumé ya estaba conectado con la comunidad más amplia, y yo tenía tiempo, así que fue bastante fácil.
Entre jornadas de trabajo comunitario (abre en una pestaña nueva) , paseos por el río y actos locales, mi red creció deprisa.
Y lo que percibí es que aquí hay muchísima energía. Mucha gente autónoma que quiere ampliar o empezar otra cosa, como unos amigos que están haciendo sidra en un pomar que les regalaron. Un grupo de consumo local que compra a granel a productores de la zona. Un proyecto de agroforestería sintrópica (abre en una pestaña nueva) conocido en todo el mundo que está dando forma al diseño de bosques comestibles aquí y fuera. Espacios culturales. Y, por supuesto, nuestra aldea regenerativa (abre en una pestaña nueva) .
Estaba todo ahí. Pero no había coherencia. Poca colaboración. Incluso aislamiento.
Los ingredientes estaban sobre la mesa, pero no había nadie cocinando.
Pensé: quizá ese sea mi papel. Pero el síndrome del impostor me decía: «Quién te crees que eres? No hablas ni gallego. No te van a respetar. Ni lo intentes.»
Aun así sentía un tirón. Otra voz me decía: «Eres justo quien estabas esperando. No necesitas el plan entero, empieza y ya lo irás descubriendo.»
Con la inspiración y lo aprendido en el Bioregional Weaving Labs Collective a la espalda, hice caso a esa voz.
Busca a ese uno por ciento
Llegaba diciembre y apareció un encuentro sobre emprendimiento social en un espacio cultural de la zona. Me pareció una buena ocasión para conocer a gente interesada en eso.
Si quieres empezar a tejer biorregión, un buen comienzo es sencillamente conocer a las personas y los proyectos de tu comarca y seguir la energía de quienes quieren mover el statu quo. Conoce a quienes impulsan cambios cerca de ti.
Una regla que aprendí de Igor, tejedor biorregional en Francia, es la regla 90-9-1: el 90 por ciento de la gente mira, el 9 por ciento participa y el 1 por ciento hace que las cosas pasen. Busca ese 1 por ciento de la población de tu comarca para empezar.
Y entonces lo divino nos juntó
Lucas, el hombre que organizaba el encuentro de emprendimiento social, intuyó algo y me propuso una cerveza al terminar.
Conectamos al instante.
Cuando le hablé de mi trabajo de tejido biorregional, se le iluminaron los ojos.
Me contó que llevaba años trabajando así, pero que le costaba ponerle palabras.
Y con mucha humildad me reveló que lleva tiempo trabajando para llevar la biorregión hacia la soberanía alimentaria y la regeneración a través de su agencia de innovación en sistemas alimentarios, PRATO_DO.
Creo que ese día me enamoré. No de forma romántica, sino de amor por la vida y de gratitud por aquello hacia lo que el universo me está guiando.
Dos semanas después de Navidad organizamos una comida compartida en nuestra aldea. Se hicieron más conexiones.
Lucas me presentó a Eduardo y a Pepe, dos hombres que hacen trabajo cultural, desde retratar la cultura gallega contemporánea (abre en una pestaña nueva) en fotografías hasta convertir un viejo establo de vacas en un teatro para el rural, Teatro das Cortes A.C. Volta e Dálle.
Ese día conocí a una mujer del concello que trabaja por la igualdad entre mujeres y hombres y que ayudó a montar un banco de semillas liderado por mujeres en nuestra comarca.
Y a una cocinera que buscaba algo distinto al negocio tradicional de restaurante, y que ahora colabora con el proyecto de agroforestería sintrópica para hacer comida deliciosa a partir de alimentos que dan los árboles.
Y a más gente de la casa puente local (abre en una pestaña nueva) , que a menudo funciona como puerta de entrada para quien llega a la comarca.
Esto está en marcha.
Poner orden en el caos creativo
Simplemente empezamos a vernos cada semana, en persona, para hacer este camino juntos.
Yo aprendo sobre su proceso de estos últimos años y le cuento el enfoque del Bioregional Weaving Lab. Él me enseña una lista de más de 200 agentes con los que ha trabajado, y yo veo el valor de esas relaciones.
Y entonces, cómo poner orden en el caos creativo que ha estado sosteniendo prácticamente solo durante diez años?
Yo aporto algo de estructura, que es lo que se me da bien. El simple gesto de ordenar las ideas y las acciones locales de Lucas con el proceso que co-desarrollamos en los Bioregional Weaving Labs, darle un espacio de trabajo en línea donde recoger el trabajo explícito y ser un interlocutor con quien pensar, ya pone cosas en movimiento.
Nos apuntamos al curso de colaboración multiactor de Ashoka (abre en una pestaña nueva) , que nos da más herramientas teóricas y prácticas para trabajar con los muchos agentes de la comarca y cohesionarlos hacia la regeneración.
Descubrí que Lucas está lleno de sorpresas. Con su amigo Añon, que dirige el máster en energías renovables, cambio climático y desarrollo sostenible de la Universidade de Santiago de Compostela y vive cerca, tenía preparado un fin de semana en la biorregión.
Un prototipo de residencia biorregional.
Imaginamos ese fin de semana también como una activación del ecosistema. Invitamos a quienes impulsan cambios en la zona, a fundaciones y a otros agentes afines.
Y lo curioso? Esto ni siquiera parece trabajo.
El fin de semana
Llega el fin de semana y estoy emocionadísimo. Dormimos en un lugar precioso restaurado (abre en una pestaña nueva) , de época feudal, lleno de arte e historia local.
El viernes es un gran éxito. Reunimos a más de 35 personas del ecosistema local y cada una contó por qué había venido y qué esperaba de todo esto. Compartieron su historia, su agradecimiento por el encuentro y su amor por el territorio.
Llámame hippie, pero cuando responsables de fundaciones con mucho dinero hablan de amor en ese contexto, es que algo hemos hecho bien.
El sábado visitamos cinco proyectos locales.
- Panadería de Galdo: una panadería local que mantiene la forma tradicional de hacer pan.
- Estación Agroecolóxica de Vieiro: la escuela de agroforestería sintrópica donde hice un curso en febrero (abre en una pestaña nueva) .
- Museo da Identidade Cultural Galega: una exposición de fotografía contemporánea sobre la cultura gallega de los últimos años.
- Teatro das Cortes: el teatro que un día fue establo de vacas.
- O Cadaval: la vieja aldea que estamos reconstruyendo.
Fue un día agotador y también muy pleno. Cuando oyes a estudiantes decir que les ha volado la cabeza y les ha mostrado otras formas de vivir, de organizarse y de producir alimentos, te toca por dentro.
Y esto no iba de los estudiantes. Iba de una oportunidad para plantar semillas, para juntarnos, para vernos como parte de un ecosistema más grande en la biorregión.
Desde las ideas nuevas que surgieron hasta la gratitud expresada y la disposición a recorrer juntos este proceso territorial, sentí muchísima energía.
Y ahora qué?
Acabamos de ampliar el equipo con Eduardo, nuestro narrador y fotógrafo, e impulsor del museo de la identidad, Galicia Latente (abre en una pestaña nueva) , que hizo unas fotos preciosas ese fin de semana.
Escribo esto justo después del Encuentro de Aprendizaje Biorregional en Rumanía, organizado por Commonland y el Bioregional Weaving Labs Collective, donde 27 biorregiones de Europa se juntaron durante una semana. Allí conocí a otros tejedores biorregionales y a socios que quieren apoyar a nuestra comarca.
Vamos a dar seguimiento a todas las personas que participaron en nuestra inmersión biorregional, recoger su valoración y hacer entrevistas para identificar los cambios críticos que queremos abordar como ecosistema en el territorio.
Después prepararemos la siguiente inmersión biorregional y un encuentro del ecosistema para grupos de agentes locales, alrededor de temas e iniciativas más concretos.
Y por último, necesitamos encontrar financiación para que nuestro equipo pueda sostener este trabajo durante los próximos años.
La dirección está clara: cambio sistémico regenerativo en todos los niveles, la persona, las relaciones, la aldea, la biorregión, Europa y el mundo.
Espero que esto te haya dado alguna pista sobre el trabajo biorregional. Seguiré contando más.
Feliz regeneración,
Jonas
Publicado por primera vez el 30 de abril de 2026 en el blog personal de Jonas, A Regenerative Life. Se reproduce aquí con su permiso. Leer el original en regenerativelife.eu (abre en una pestaña nueva)
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